miércoles, 14 de enero de 2009

Arte no Objetual

Arte no objetual
Viktor Arellano



Lo encontraron desmembrado. Brutalmente asesinado sobre mi cama, casi irreconocible, tuvieron que hacerle varias pruebas para identificarlo. Había sangre por todas las paredes de la habitación formando imágenes que a mi mente llegaban como recuerdos, cuadros de arte no objetual, y dibujadas distintas manchas como si un artista las hubiese pintado; la cabecera de la cama guardaba los golpes que marcaban la madera abollada, restos de cabello y uñas permanecían en el buró grabando la violencia que debieron acallar sus gritos en un instante. Todos los objetos estaban fuera de su lugar, las ventanas tenían sus manos estampadas en sangre y la puerta misteriosamente había salido ilesa, cosa que a los policías sorprendió cuando la encontraron abierta.

Todos me miraban como esperando una reacción de coraje, tristeza, venganza o llanto, pero para mi, simplemente el tiempo seguía detenido, no podía dejar de mirar las manchas que hasta el techo habían salpicado, y mi asombro seguía preguntando por que la puerta se había salvado de tan horrorosa masacre.

Casi no me di cuenta cuando me sacaron de la habitación llevándome hasta la calle donde una patrulla y una ambulancia me esperaban para llevarme a las oficinas del ministerio público a declarar, en ese mismo estado en el que estaba fuera de mi cuerpo y abandonado de mi mismo, comenzaron a interrogarme.

No se cuantas horas estuve en esas oficinas, solo recuerdo entrar y salir a varias personas que me hacían cientos de preguntas y me hablaban de detalles que mi mente no fue capaz de recordar, turnándose hasta que se hartaban, una a una salía sin respuestas.

Tengo que decirte, después de todos estos años, que al final confesé, no podía seguir guardando, ese día, en el que decidí matar el amor que yo sentía por ti.

lunes, 12 de enero de 2009

Marta y Julián

Marta y Julián

Viktor Arellano




Marta conoció a Julián al otro lado del canal, lo vio tan indefenso que rápidamente lo llevó para su casa. Le lavó el cabello, le rasuró la barba, le cortó las uñas, le colocó ropa limpia y le acostó sobre su cama.


Marta deshizo el nudo de su ombligo y se ató al de Julián.


Con el tiempo le compró zapatos, ropa decente y un reloj que estaba siempre detenido en la hora exacta en que se conocieron, según Marta para que Julián jamás se olvidara de ella.


Sobre su cama pasaban los días viendo los programas favoritos de Marta, mientras ella le hablaba sobre sus momentos preferidos, las anécdotas del día y de lo mucho que lo amaba, del corazón de Marta emergían enredaderas doradas que envolvían el cuerpo de Julián con una luz blanca y lo elevaban sobre el colchón… Hasta que la luz cegaba los ojos de Marta.


La penumbra del viento rondaba en espiral sobre el patio seco de la casa de Marta.



Como todos los muertos, Julián comenzó a descomponerse, cientos de insectos y gusanos se movían devorando los sonidos, los pulmones y los recuerdos de su interior. Aunque nadie soportaba el aroma impregnado sobre el cuerpo de Marta, la distancia entre los dos con cada tarde se volvía mas estrecha.


Julián fue desapareciendo poco a poco y Marta enfermando gravemente, al punto de no poder moverse de la cama, ella fue perdiendo la sensibilidad en las manos, los oídos y el olfato.

Los gusanos habían comenzado a comerse viva a Marta.



Inmóviles, ante el vacío de los silencios, ella le susurro al oído las últimas palabras que despertaron a Julián:


Nunca me hablas, nunca me tocas,

no soy parte de lo que brilla en tus ojos,

no soy ni la ausencia de tus palabras,

tu memoria no conoce mi sombra,

…y quizá por eso te amo,

por que tu lenguaje esta en otro verbo,

por que me escuchan tus yemas,

por que haces ruido cuando te callas,

por que mi calor se apaga en tu pecho.


Mi vida comienza hoy que tu cuerpo invade mi cuerpo,

el camino lento de tus dedos por mis piernas,

mis parpados se abrazan a tus ojos,

soy tuya desde el fondo de los huesos,

con cada gota de mis venas,

soy tuya repatriando tu silencio,

lléname Julián,

lléname con el frío de tu lengua.


Julián abrió los ojos,

y beso por última vez los labios de Marta.