Arte no objetual
Viktor Arellano
Lo encontraron desmembrado. Brutalmente asesinado sobre mi cama, casi irreconocible, tuvieron que hacerle varias pruebas para identificarlo. Había sangre por todas las paredes de la habitación formando imágenes que a mi mente llegaban como recuerdos, cuadros de arte no objetual, y dibujadas distintas manchas como si un artista las hubiese pintado; la cabecera de la cama guardaba los golpes que marcaban la madera abollada, restos de cabello y uñas permanecían en el buró grabando la violencia que debieron acallar sus gritos en un instante. Todos los objetos estaban fuera de su lugar, las ventanas tenían sus manos estampadas en sangre y la puerta misteriosamente había salido ilesa, cosa que a los policías sorprendió cuando la encontraron abierta.
Todos me miraban como esperando una reacción de coraje, tristeza, venganza o llanto, pero para mi, simplemente el tiempo seguía detenido, no podía dejar de mirar las manchas que hasta el techo habían salpicado, y mi asombro seguía preguntando por que la puerta se había salvado de tan horrorosa masacre.
Casi no me di cuenta cuando me sacaron de la habitación llevándome hasta la calle donde una patrulla y una ambulancia me esperaban para llevarme a las oficinas del ministerio público a declarar, en ese mismo estado en el que estaba fuera de mi cuerpo y abandonado de mi mismo, comenzaron a interrogarme.
No se cuantas horas estuve en esas oficinas, solo recuerdo entrar y salir a varias personas que me hacían cientos de preguntas y me hablaban de detalles que mi mente no fue capaz de recordar, turnándose hasta que se hartaban, una a una salía sin respuestas.
Tengo que decirte, después de todos estos años, que al final confesé, no podía seguir guardando, ese día, en el que decidí matar el amor que yo sentía por ti.
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