lunes, 12 de enero de 2009

Marta y Julián

Marta y Julián

Viktor Arellano




Marta conoció a Julián al otro lado del canal, lo vio tan indefenso que rápidamente lo llevó para su casa. Le lavó el cabello, le rasuró la barba, le cortó las uñas, le colocó ropa limpia y le acostó sobre su cama.


Marta deshizo el nudo de su ombligo y se ató al de Julián.


Con el tiempo le compró zapatos, ropa decente y un reloj que estaba siempre detenido en la hora exacta en que se conocieron, según Marta para que Julián jamás se olvidara de ella.


Sobre su cama pasaban los días viendo los programas favoritos de Marta, mientras ella le hablaba sobre sus momentos preferidos, las anécdotas del día y de lo mucho que lo amaba, del corazón de Marta emergían enredaderas doradas que envolvían el cuerpo de Julián con una luz blanca y lo elevaban sobre el colchón… Hasta que la luz cegaba los ojos de Marta.


La penumbra del viento rondaba en espiral sobre el patio seco de la casa de Marta.



Como todos los muertos, Julián comenzó a descomponerse, cientos de insectos y gusanos se movían devorando los sonidos, los pulmones y los recuerdos de su interior. Aunque nadie soportaba el aroma impregnado sobre el cuerpo de Marta, la distancia entre los dos con cada tarde se volvía mas estrecha.


Julián fue desapareciendo poco a poco y Marta enfermando gravemente, al punto de no poder moverse de la cama, ella fue perdiendo la sensibilidad en las manos, los oídos y el olfato.

Los gusanos habían comenzado a comerse viva a Marta.



Inmóviles, ante el vacío de los silencios, ella le susurro al oído las últimas palabras que despertaron a Julián:


Nunca me hablas, nunca me tocas,

no soy parte de lo que brilla en tus ojos,

no soy ni la ausencia de tus palabras,

tu memoria no conoce mi sombra,

…y quizá por eso te amo,

por que tu lenguaje esta en otro verbo,

por que me escuchan tus yemas,

por que haces ruido cuando te callas,

por que mi calor se apaga en tu pecho.


Mi vida comienza hoy que tu cuerpo invade mi cuerpo,

el camino lento de tus dedos por mis piernas,

mis parpados se abrazan a tus ojos,

soy tuya desde el fondo de los huesos,

con cada gota de mis venas,

soy tuya repatriando tu silencio,

lléname Julián,

lléname con el frío de tu lengua.


Julián abrió los ojos,

y beso por última vez los labios de Marta.

1 comentario:

  1. carnal esta historia esta brutal! y yo ke estoy a punto de irme a la cama ahora no se si pueda jejej... muy buena!
    te mando un saludo, desde aki linkeado para seguir tambien tu blog...va!

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